Originario de Asia Central, el ajo se ha colado con éxito en la gastronomía mediterránea actual siendo uno de los alimentos más saludables de nuestra alimentación. Sus usos terapéuticos se remontan a la Antigua Grecia, gracias a los remedios elaborados por Hipócrates (padre de la medicina moderna) para mantener al paciente limpio y sano.
Ya en la Antigua Roma se utilizaba el bulbo de la planta para tratar problemas digestivos, circulatorios, respiratorios o contra parásitos, y en la Edad Media, por ejemplo, se usó para combatir la peste.

De sus propiedades farmacológicas destacan los componentes azufrados: uno de estos aminoácidos sulfurados es la aliína, que en contacto con el oxígeno y con la ayuda de la enzima alinasa da origen a la alicina, responsable del olor tan característico del bulbo. Además, contiene una elevada concentración de sales minerales -selenio-, lípidos, flavonoides y aminoácidos esenciales.
Principios activos
→ Antigregante plaquetario y actividad hipolipemiante: el ajo tiene la capacidad de reducir los niveles de lípidos en sangre, el colesterol “malo” (LDL) y participa en la reducción los niveles de azúcar en la sangre. En definitiva, es un buen protector del corazón.
→ Antiinflamatorio y antirradical libre por su acción antioxidante.
→ Antihelmíntico: en fitoterapia se utiliza el ajo para combatir las infestaciones intestinales por parásitos, como es el caso de las lombrices.
→ Gracias a su acciones antifúngicas, antisépticas y antimicrobianas el ajo resulta efectivo contra el candida -más conocida como candidiasis-, otros hongos, infecciones de la piel y verrugas.
→ Antihipertensiva gracias al efecto vasodilatador que produce el ajo crudo en nuestro organismo. Por este motivo, es capaz de reducir la presión arterial.
→ También puede ser útil en el tratamiento de infecciones pulmonares, ya que es un gran mucolítico, pectoral y expectorante.

¿Qué beneficios tiene tomar ajo?
Cuando hablamos de las propiedades medicinales del ajo lo que más nos interesa es el consumo de este bulbo crudo, puesto que es en el germen donde se concentran la mayoría de las enzimas.
→ Posee un efecto sedante sobre el aparato digestivo. Su efecto digestivo es empleado en patologías como los cólicos, las flatulencias, las náuseas y otras molestias estomacales.
→ Eficaz en enfermedades cardiovasculares e hipertensión por los principios activos comentados con anterioridad.
→ Su consumo prolongado reduce el colesterol y los triglicéridos en sangre gracias a su acción hipolipemiante. La propia Fundación Española del Corazón destaca su efectividad.
→ Dado su elevado contenido en yodo, el ajo resulta útil para disminuir la acción de la glándula tiroides.
→ Esencial, desde el punto de vista de la fitoterapia, para aliviar los síntomas respiratorios provocados por una gripe, catarro, etc. Además, estimula el sistema inmunológico haciendo que nos suban las defensas. Se trata, en definitiva, de un excelente antibiótico natural.
→ Remedio depurativo que ayuda a desintoxicar el hígado, estimulando este órgano, la vesícula y el páncreas. Recomendado en dietas detox en las que queremos liberar del cuerpo metales pesados como el plomo.
→ Aumenta el apetito sexual y la fertilidad. Los egipcios lo empleaban como un alimento afrodisiaco.
Nada de estos beneficios serán apreciados de la noche a la mañana. Como bien indica el médico y naturista Berdonces se debe realizar un tratamiento mínimo de 6 meses para que resulte efectivo. (Enciclopedia de Fitoterapia y plantas medicinales. Dr. Josep Lluís Berdonces. 2019)

Usos culinarios y medicinales
El ajo es una de las hortalizas más empleadas dentro de la gastronomía española, ya que nuestros platos están impregnados por este aroma. Son más que conocidos sus usos culinarios y estamos acostumbrados a consumirlos fritos, macerados en un buen aceite de oliva virgen, rehogados o en refritos para guisos ya que así potenciamos el sabor.
¡Pero la cosa no termina aquí! Podemos tratar las distintas patologías que hemos ido mencionando a través de los usos medicinales. Aquí te dejo algunas ideas:
→ Comencemos por un clásico: las sopas de ajo. Son el plato perfecto para un efecto diurético o antiespasmódico.
→ Tostada de pan untada con un ajo crudo por la mañana.
→ Si te gusta su sabor los jugos frescos recién exprimidos en ayunas son la mejor opción. Se recomienda tomar varias cucharaditas de postre al día.
→ Jarabe de ajo y miel, ideal para tratar la bronquitis en niños y adultos.
→ La ensalada de ajos por la noche es un gran aliado contra el insomnio.
→ Cataplasma o compresa de ajos para aliviar los síntomas de la cándidas y hongos en la piel.
→ Cura tibetana del ajo.
¿Y tú? ¿Cómo empleas el ajo en tu vida cotidiana?