Edward Bach desarrolla en «Cúrese usted mismo«, publicado en 1930, una guía para todos aquellos que sufren, siendo necesaria la comprensión de las causas y no los síntomas que la enfermedad trae consigo. Por ello, sitúa el origen real de la enfermedad en el desequilibrio y desarmonía entre la mente y el alma.
A lo largo de ocho capítulos el médico, bacteriólogo y homeópata inglés desarrolla la hipótesis de que la enfermedad no es accidental sino que es la etapa terminal de un desequilibrio o bien entre la mente y el alma o bien un acto de crueldad hacia los demás. Es decir, la enfermedad aparece como correctivo por la falta.
Hipótesis que recoge las ideas de Paracelso acerca de la divinidad del hombre, los ideales de curación de Hipócrates y la intuición de Hahnemann al asegurar que la enfermedad se origina en un plano más allá del físico.
Así pues, la enfermedad puede ser un acontecimiento de despertar de la conciencia, un padecimiento beneficioso, ya que señala dónde está el error y tiene como finalidad “devolver la personalidad a la voluntad divina del alma”.

Los siete defectos
Para comprender el origen de la enfermedad es necesario tener en cuenta los siete defectos de los que esta emana, todos ellos adversos a la Ley divina de Amor y Unidad:
Orgullo: “Falta de reconocimiento de la pequeñez de la personalidad y de su absoluta dependencia del alma”. Por ello, se ha perdido la proporción de la realidad.
Crueldad: “Negación de la unidad de todos y un no lograr entender cualquier acción contraria a otra se opone al resto”.
Odio: “Es lo contrario al Amor, es el reverso de la Ley de la Creación”.
Egoísmo: aparece al “anteponer nuestros intereses al bien de la humanidad”, negando de nuevo la Unidad.
Ignorancia: “Es el fracaso del aprendizaje, negarse ante la verdad cuando se nos da la oportunidad”.
Inestabilidad vinculada a la indecisión y a la debilidad pues la “personalidad se niega a dejarse gobernar por el Ser Supremo”.Codicia: “Es el deseo de poder” y por tanto, “la negación de la libertad y de la individualidad de todas las almas.
¿De qué dependerá la curación?
A partir de esta concepción de la enfermedad, el paciente -«haciente» – deberá integrar las siguientes premisas fundamentales para la liberación del síntoma:
- Adquirir la conciencia de la Divinidad
- Comprender que la causa básica es el desequilibrio entre alma y personalidad y se requiere de un esfuerzo espiritual y mental para subsanarla.
- Voluntad para descubrir el defecto.
- Voluntad para desarrollar la virtud contraria.
El bienestar de la humanidad parte del alivio de los sufrimientos humanos. Para ello, el médico inglés da una serie de recomendaciones para mantenernos sanos: pensamiento sereno -nuestra mente debe ser “como un lago”-, armonía, meditación, ambiente de paz y sosiego, trabajar de acuerdo a los dictados de nuestra alma, interés por la vida y por lo que nos rodea para evitar el aburrimiento, aprendizaje constante, desechar el miedo que deprime y angustia, limpieza externa e interna del cuerpo llevando a cabo una alimentación saludable, ecológica y vegetal, sueño ligero, alegría y voluntad de vivir.
La gran meta final es la “pérdida de nuestros intereses en el servicio de la humanidad” siempre siguiendo los dictados de nuestro Ser Superior y esforzándonos a amar a los demás, ya que “el amor engendra amor, igual que el odio engendra odio”.
Edward Bach
En definitiva, en este tratado Bach nos alienta a sumergirnos de lleno en la vida, sin miedo, con el único afán de adquirir experiencia y conocimiento. Asimismo, estaremos desarrollando nuestra individualidad. La conquista de nuestra libertad debe ser una batalla que se lleve a cabo desde el amor, la esperanza, el valor, la caridad y la fe.